Voces escondidas en la claridad del Parque Centenario.

Recorrer un espacio, percibir sus sonidos extraños, frecuentes y sostenidos… y en ellos su gente. La calurosa calle en Guayaquil nos lleva hasta la sombra y las voces. Allí Eva del Carmen y los músicos en relajado tono a la plaza del Parque Centenario le regalan una canción.

En las espaciosa y verde sala de ensayos se recortan las siluetas de los transeúntes que pasan a su lado casi acostumbrados a ellos ¿Quiénes son? ¿Qué hacen allí? La plaza es su vidriera, suenan canciones de Ecuador, de Perú tal vez, y uno se deja atrapar por sus voces; en ellas se puede reconocer el ton genuino de estas tierras, su cálido lamento, su dulce pedido de ser oídos en las notas de un bolero.

 

Los pasos, las hojas, los giros de vendedores informales, todo incrementa la orquesta improvisada en aquel sitio homogeneizado con la experiencia de Roger, Valentín y César en las cuerdas.

Captar el momento. Imagen y sonido. Generar una línea entre la silla de la plaza de zapatos lustrados para la presentación y cualquier otro rincón del mundo a través del éter. Aplausos por favor y otra vez los pasos que delinearán un nuevo recorrido, una nueva voz en la cartografía.

Texto Mara Miño

Edición de vídeo: Camilo Cantor

Cámara: Joshua Jurado

C4: Break y rap del valle al altiplano.

Ante un ritmo imaginario, complementado por el rugir del diesel de Transmilenio y los pregones de los vendedores, estos rappers y b-boys caleños del C4 muestran sus habilidades sobre los andenes enladrillados de la Avenida Jiménez con carrera Séptima en Bogotá. Ángel y David llevan 8 años como b-boys, y decidieron convertirse en cantantes de rap hace 5. Vienen de Cali, y para lograr su subsistencia y la de su familia, cantan en los buses y muestran sus peripecias en las calles.

Llegaron a la capital con el propósito de abrirse camino en la industria local, y gracias a su talento fueron incluidos por un director de cine en su próxima producción. Entre tanto, se hospedan donde hermanos y colegas en el barrio Santa Fe, donde continúan entrenando y componiendo letras de solidaridad y paz.

Texto:Victoria Argoty Pulido

Vídeo realizado por estudiantes de Diseño de la Universidad de los Andes.

Edición y Cámara: Sergio Mantilla.

Sonidos ancestrales en la Séptima .

Vestido de pantalón y guayabera blanca, pañoleta roja atada al cuello y sombrero vueltiao, Alexander García deleita a los transeúntes capitalinos con los sonidos de viento y percusión que salen de su gaita aborigen y su ancestral maraca.

Este joven músico y teatrero bogotano aprendió a interpretar y a hacer las gaitas en el pueblo madre de los gaiteros, San Jacinto, Bolívar, en el Caribe colombiano. En sus melodías se siente la fuerza que libera este sencillo instrumento de madera de caña, cardón, cañón de plumas, cera y ceniza, originario de la tribu Kogi de la Sierra Nevada de Santa Marta. Con sus interpretaciones de la gaita, Alexander cultiva lo autóctono e interracial de este instrumento y la memoria y tradición de una cultura

Texto:Ana Maria Jaramillo

Edición de vídeo:  Gustavo Espinel Romero.

Cámara:  Gustavo Espinel Romero.

King Lion: Un león suelto en Medellín.

El “perio”, en Medellín, es el escenario de King Lion. Desde hace 18 años, este chocoano ha tomado calles y tarimas para mostrar su música, que cultiva como autodidacta desde niño. Su ahora es la calle, un hecho incidental, pues es sólo el punto al que decidió llegar para trascender; el medio en el cual la música lo ha acompañado para desenvolverse desde sus orígenes pueblerinos, acumulando experiencias hasta convertir la urbe en parte de su naturaleza y germen de sus composiciones. Es el lugar donde se fluye libremente, en la justa medida, sin una audiencia fija que, en el enardecimiento de un concierto, da su aplauso tanto como exige energía desbordante.

Tiene su estilo rasta y su actitud conciliadora como herramientas para capturar la escurridiza atención de los ciudadanos vestidos de indiferencia. Sabe cómo cautivar desde un principio a la improvisada audiencia porque envuelve en música vivencias propias y ajenas, y obtiene a cambio monedas, miradas y evasiones en cualquier bus, recinto móvil del subempleo. Su ritmo es el Aranzai, una suerte de reggae; su flow pegajoso habla, a capella o con un riddim, de la caída de Babylon, y las difunde sin pudor para quienes decidan tomar sus letras como un detonante, y no sólo como música para bailar irreflexivamente.

King Lion goza de la satisfacción de saber que su trabajo diario logra convocar a más personas que las que puede convocar un concierto; un gran auditorio, sonido y luces son cosas que simplemente no suceden para la mayoría de talentos porque los espacios son insuficientes y las oportunidades esquivas. Aunque acaricia los sueños de fama y fortuna de todos los grandes talentos, la prosperidad le resulta secundaria. Se nutre de la humildad, el más grande regalo que da la calle, y de la certeza de que la consciencia es la base del cambio. Más allá de ejercer una alternativa de supervivencia en la ciudad sin esperanzas, lo que hace es lanzar la semilla de una conciencia musical, el reconocimiento de la creatividad autóctona y la necesidad de revolucionar los mecanismos cotidianos de las mentes domesticadas.

Texto: Victoria Argoty

Edición de vídeo: Camilo Cantor

Cámara: Margarita Valdivieso

Video realizado en el marco del taller Cartografías Sonoras Medellin

en la Udea con el apoyo de Casa Tres Patios.

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Cesar Aguilera: El juglar de la buseta.

Fatigando los andenes y calzadas de la urbe del concreto desordenado, esperando por la próxima buseta, oxidado escenario de expresión y supervivencia, se encuentra Cesar Aguilera, un juglar urbano a tiempo completo. Sus argumentos son tan sencillos como la sinceridad de su relato: una guitarra y una cálida voz combinadas con letras certeras que a pesar de la crítica y desesperanza, dejan el sabor de la lucha diaria como fuente de inspiración y libertad. “Cuando hago menos me dan más” canta contradictoriamente Cesar apoyado en el torniquete, mientras con letras de su propia inspiración muestra sutilmente que lo suyo para nada es el mínimo esfuerzo.

La denuncia escatológica, las ansias de libertad, el grito de batalla en forma de tonada de quien se resiste a ser absorbido por un mundo maquinal y sin rostro, son la sutil fuerza detrás de estos sonidos que alegran al pasajero agobiado. “Llevo 5 años en esto” confiesa Cesar al describir la inconstancia de un mercado laboral que no ofrece oportunidades para el hombre común. Sin embargo, no hay amargura en sus palabras, mas bien la convicción del músico urbano que no va a la cacería del bus repleto pero sordo, del juglar que agradece el aplauso y la contribución oportuna, del mensajero que quiere compartir una de las muchas visiones que hay de la vida “hasta que el cuerpo aguante”.

Texto: Luis Fernando Medina – Aka.Luscus

Edición de vídeo: Camilo Cantor

Cámara: Camilo Cantor

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Subway Steve: Sonidos que se elevan en el Subte:

Bajo la las ruidosas calles de la megalópolis por excelencia, Nueva York, en las entrañas de concreto y rieles de acero, opera Subway Steve, otro singular músico de metro. Armado de un pequeño piano electrónico, una trompeta y un ácido humor en contrapunto, hace de los ajetreados pasajeros su público, y de los transitados pasillos y trenes expectantes su escenario. “Podría trabajar en un bar, ¡pero aquí (en el metro) hay más borrachos!” comenta con sonora ironía, tal vez único legado tras 25 años de oficio.

La música es lo suyo, poblando de sonidos alegres las cavernas de la urbe moderna, donde discurren los rostros automatizados fatigando los múltiples agujeros de la gran manzana. Y aunque también Subway Steve hace presencia con su música en internet y otros espacios, quizá sus mejores jams sean justamente las que rescaten por unos instantes las almas del subterráneo, llevándolas a ritmo de blues acelerado a una superficie de esperanza y placer. Porque de eso se trata la música.

Texto: Luis Fernando Medina – Aka.Luscus

Edición de vídeo: Juan Rhon.

Cámara:  Juan Rhon.

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Hip-Hop desde Curramba.

Baby Jetsy , Alexander Jimenez y Combi Volcano son tres raperos urbanos que viven del canto en los buses que transitan por las calles de Barranquilla, Curramba, la Arenosa.

Temas que van desde las vivencias del barrio hasta la iglesia de cristo a la que pertenecen, quieren que el genero no sea tan underground sino que se vuelva más comercial, rapean con el alma y sobreviven con emoción.

Sus cantos son pegajosos pero la gente no les presta mucha atención, quisieran un poco más de respeto, al fin y al cabo lo que hacen es arte, puro arte urbano, pura sensación…

Texto: Alejandro Angel.

Dirección General: Alejandro Angel

Producción: Laura Casadiego

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Realización: Edgar Camargo-Nicolás Gonzalez-Sergio Lalinde

El metro suena a encuentro.

¿Cuántas personas pueden subir al metro de Nueva York en una mañana? ¿Cuántas razas, colores, ideas y destinos se pueden mezclar en un recorrido al trabajo, a la casa o a donde quieras?

Rénard Harris. Antes de abordar el alboroto vívido al interior de los vagones, está él, un enamorado de la armónica que tiene  la capacidad de unir a la gente a través del gemido de la armónica y un par de botas tejanas que le sirven de bajo y se amplifican por la estación a través de un pequeño sistema de sonido.

En el metro confluyen las historias. Es un lugar obligado para el pasajero y perfecto para el artista, un espacio donde se ponen en contacto los seres humanos, el arte y la música.

Texto: Mario Zamudio

Edición de vídeo:  Juan Rhon.

Cámara:  Juan Rhon.

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Perros Callejeros de vacilón.

““En la calle se goza, en la calle se disfruta.

En la calle está la gente, y la música es:

De la gente y para la gente”

Manolo Santillan

Órdenes alterados, lo último en el principio y el comienzo en el final, lenguaje de la Lle-Ca, Músico de la calle en un idioma más convencional. Así se presenta Manolo Santillan, que bien podría ser otro león, ya no Manuel, sino Manolo y cuyo apellido no termina en A, sino que la deja por ahí entre sus pasos y el sonido de su saxo, sus clases de teatro y música, pero sobre todo en lo que comparte con todos: su Bulla.

Como perro callejero, al igual que el nombre de su taller de artistas, se la rebusca por la calle encantando a quienes pasan y escuchan su música. En cualquier momento puede ser vikingo o guerrero o león. Se sabe así mismo armado y nos hace caer en la cuenta que es mucho más barato una flauta, un tambor o un saxofón que un fusil, un tanque o un cañón. Da su música por que como él mismo lo dice: últimamente vive de las monedas, de aquellos que se detienen a escucharlo y no le piden factura. Como los árboles que dan aire son los músicos de la calle que dan vida, lo dice mientras dispara de nuevo su Saxofón, en medio de los ruedos de gente, circuitos musicales de guerreros de la Lleca. En un bailón todo es vacilón.

Texto: Felipe Torres

Edición de vídeo:  Camilo Cantor.

Cámara:  Camilo Cantor.

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Entre canastas.

“Los instrumentos son extensiones del cuerpo

que te ayudan aprovechar las destrezas adquiridas,

las destrezas peleadas”

Fabian Velasco

Personajes multi-Retazos de colores vario-Pinto, gafas de aviador y cabellos de muñeco. Extravagancia. Anomalía. Fabián Velazco, es el hombre orquesta, trae sobre su cuerpo un grupo coordinado de sonidos que bien podría parecer muchos hombres. Su nombre es una retahíla que empalma frases a veces ininteligibles: Transito de Selección, Cruz Rosa de las Mercedes y Anchapaxi de las aguas. Tan confusas y enredadas como sus barbas color gris. Tambor. Platillos. Saxofón: Bienvenidos a una muestra gráfica y práctica.

En medio de la calle proclama el tiempo que lleva en su oficio: Cientos de años, medio siglo de existencia, una sola década, la del sesenta, el año de su natalicio. Y aunque en un primer momento parece sólo ruido y extravagancia de alguno loco de la calle comienza a formar melodías que al ritmo de su cuerpo y las manos de sus dos hijos atraen a espectadores o lectores. Sin un sonido definido más que el de la improvisación. Sin ninguna otra pretensión más que la de su canción hace eco de los indígenas andinos. Sin principio ni final, anda y desanda los pasos y el registro, como un saludo propio a la mitad y una sentencia casi de otro sólo al final.

Visite su canasta, antes de que su canasta lo visite a usted.

Texto: Felipe Torres

Edición de vídeo:  Camilo Cantor.

Cámara:  Washo Vargas.

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